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sábado, 17 de septiembre de 2011

Las invasiones silenciosas I


 
Caricatura de la época donde se ridiculiza a Whitelocke
                Tras los fracasos de sus acciones armadas, que envalentonados por la famosa batalla de Trafalgar en 1805, donde pasaron a ser los reyes del mar, (al destruir a la flota española, peleando para Napoleón), lanzaron sobre Buenos Aires, (1806 y 1807), las mentes iluminadas inglesas comenzaron a pergeñar sus nuevos planes de dominio, evitando el hacerse cargo de los territorios, gobiernos y sus pueblos hostiles, como es el claro ejemplo del Vireinato del Río de La Plata. La cancillería inglesa cambió de estrategia y el famoso estratega de las invasiones, William Pitt quien fuera ministro de hacienda y primer ministro de Carlos III, protagonista de la expansión imperial desde 1783 a 1806, dejó su lugar en la simpatía real, por otro iluminado que previó la imposibilidad de dominio de las colonias americanas bajo el poder español, desde lo militar y el dominio territorial. La solución era la de realizar un trabajo de inteligencia en búsqueda de traidores, que sirvieran a la causa de Inglaterra y apoyar su encumbramiento en el poder. Lord Castlereagh  ministro de guerra del nuevo gobierno británico asumido en abril de 1807 presentó al gabinete un  informe: el famoso “Memorial”, con  un cauteloso análisis de la situación y nuevos planes sobre la política del Reino Unido en el Río de la Plata. Castlereagh, ante la evidente resistencia de los pueblos americanos contra el invasor, llega a la conclusión no muy extraordinaria,  “Que no existía el propósito de la independencia de las colonias españolas”. Equivocada apreciación, ya que lo que en verdad no existía, era intención de cambiar de dueño. Y no todos eran tan enamoradizos como Mariquita Sanchez, para recibir con los brazos abiertos al invasor, la raiz española de nuestro pueblo, hizo que  heredara el amor sagrado por  su tierra y la garra de defenderla con sus vidas, sin pensar quien es el enemigo ni que poderío tenga.