Fueron palabras proféticas, en los inicios de nuestra Patria, en su momento, no se oyó el ruido y la soberbia colonialista, cayó violentamente bajo la espada de Belgrano, Guemes, San Martín. Para los intereses locales que no oyeron, la historia les reservó la responsabilidad de más de treinta años de guerra entre hermanos.
¿Hoy podemos no oír? Sin duda no, las señales son claras, exigen acción, compromiso y patriotismo, no se puede esperar a que el estado de cosas llegue al extremo, que el pueblo exija que se actúe, por que muchas veces esa exigencia, se convierte en violencia y situaciones no deseadas, de las que tendrán, quienes deben oír, la misma responsabilidad histórica que otrora. Son muchas las reacciones, aún, ante hechos puntuales, que el pueblo esta haciendo, lo que no hace el estado, las puebladas contra los buques y tropas aliadas al enemigo, Madryn, Ushuaia, Mar del Plata, Bueno
s Aires, Ensenada, Comodoro Rivadavia, los repudios se multiplican a lo largo y ancho del País, la sangre de Malvinas no se negocia, esta claro, por mas que sectores se empeñen en querer acallar el tema y se asombren porque nuestro gobierno conteste las ignominias de la soberbia inglesa y llenen páginas y horas de televisión con el casamiento del principito, representación anacrónica de la ridiculez monárquica, que se aferra como sanguijuela a un pueblo que ignora o permite, una ilógica parasitosis, bajo la figura de la unión del reino, que aparentemente necesita de su majestad para tener patria.
s Aires, Ensenada, Comodoro Rivadavia, los repudios se multiplican a lo largo y ancho del País, la sangre de Malvinas no se negocia, esta claro, por mas que sectores se empeñen en querer acallar el tema y se asombren porque nuestro gobierno conteste las ignominias de la soberbia inglesa y llenen páginas y horas de televisión con el casamiento del principito, representación anacrónica de la ridiculez monárquica, que se aferra como sanguijuela a un pueblo que ignora o permite, una ilógica parasitosis, bajo la figura de la unión del reino, que aparentemente necesita de su majestad para tener patria.